7 secretos para impulsar tu creatividad

Por Paul Kaihla
Publicado: 06:05 28 de septiembre de 2007 en CNN Expansión

Paolo Lugari es un inventor autodidacta que se ha convertido en todo un héroe al fundar en Colombia la comunidad Las Gaviotas, un modelo de desarrollo sustentable basado en la utilización de energías renovables.Lugari (de 63 años) ha logrado junto con su equipo instalar calentadores de agua y refrigeradores solares para viviendas populares, crearon cocinas que funcionan con aceite de algodón y fabrican cajas de cartón a partir de la resina de los pinos, entre otros inventos.

Lugari comparte siete consejos para impulsar la creatividad dentro de una organización:

1. Olvida las juntas de “lluvias de ideas”.

La creatividad es espontánea. Las reuniones formales son un deficiente foro para la creación. La gente se siente presionada porque tiene un tiempo limitado y una lista estrecha de cosas a discutir. Mejor convierte cada día de trabajo en una continua y eterna sesión de “lluvia de ideas”.

2. Practica el Código da Vinci.

Cuando tu empresa u organización aborde un problema o un nuevo proyecto, borra la pizarra de todas las ideas preconcebidas. Leonardo da Vinci tenía como primer paso la “tabula rasa” (una pizarra en blanco).

3. Juega limpio (y agradable) con los demás.

En el exitoso proyecto Las Gaviotas, las nuevas tecnologías surgen sin un proceso formal de actualización, sino que son fruto de colaboraciones espontáneas. Las invenciones son espontáneas y producto de un pensamiento colectivo que las impulsa.

4. Quema el manual de políticas de tu compañía.

Para pensar libremente, tienes que actuar libremente. Una dedicación fanática a la libertad de expresión (que no tiene estorbos en ningún nivel de la organización) ha producido en Las Gaviotas una forma de pensar donde el comportamiento improductivo no sucede y no tiene cabida.

5. Elimina el “cliché nobiliario”.

No hay jerarquías basadas en los títulos y diplomas, un pasante de carrera recibe la misma atención que un Doctor o Master. Uno de los proyectos más importantes en Las Gaviotas (la producción de resinas extraídas del pino) se desarrolló a partir de una idea que aportó el cocinero.

6. Domina el arte de la combinación de oficios.

Algunos de los grandes descubrimientos fueron gracias a gente que se aventuró a cambiar de profesión y experimentar nuevas disciplinas. Gregorio Mendel, el padre de la genética, fue sacerdote antes de convertirse en biólogo, y William Robert Grove era un abogado que luego descubrió la célula electroquímica (fuel cell). Así que puedes rotar y dar movilidad a tus expertos fuera de sus áreas de especialidad, para tener gente que sabe de todo y está por delante de expertos enfocados a asuntos muy particulares.

7. Vacía tu calendario de Outlook.

Deja por la paz todos los trucos que tienes para manejar tu tiempo. Dedica cada hora de tu jornada laboral a cualquier tarea o inspiración que surja espontáneamente. Si continúas llenando tu agenda semanal con reuniones y tareas programadas, apagarás cualquier chispa de creatividad incluso antes de darle tiempo de cristalizar.

Orgulloso de ser un diseñador de Web

por Chris MacGregor

¿Alguna vez oíste hablar de ese chico de unos 16 años que diseña páginas web y gana más de 6000 dólares al mes?

La parte más difícil de ser un diseñador web profesional es decirle a la gente que lo hago como medio de vida. Los comentarios que recibo van desde el desprecio de la web como algo pasajero, a el siempre popular “Ni hijo de quinto de primaria tiene su propio sitio web.” El principal motivo de que existan nombres de trabajo como Diseñador de GUI Web, o Creativo Web en los círculos profesionales y en los medios es que el término diseñador web implica más o menos el mismo respeto que un repartidor de periódicos, en nuestra sociedad.

¿Quién tiene la culpa?
No es un fallo de los diseñadores de hoy, el hecho de que la mayor parte de la gente que tiene la capacidad de moverse por internet pueda afirmar que conoce cual es su trabajo. Sí es un fallo de este diseñador el no saber diferenciar entre un profesional y un joven de 16 años con una especial habilidad para la autopromoción. La diferencia es la formación para el diseño, el conocimiento de Internet, la experiencia y la dedicación profesional a ese campo.

HTML es un lenguaje fácil de entender, y no lleva demasiada habilidad ir a una tienda y comprar uno de los muchos programas de edición en WYSIWYG. Pero el diseño web es mucho más que escribir el código de una página para que se muestre en el navegador. Las limitaciones que que tienen los diseñadores web hacen que construir páginas sea un juego de concesiones y trucos para engañar al navegador. Nos hemos apropiado de la capacidad de representar tablas con TABLE del HTML como una especie de PostScript online, definiendo celdas para contener nuestros textos o imágenes de la misma forma que empleábamos rutas y cajas de texto para diseñar la página. Pero con cada nuevo truco, cada nuevo avance, la naturaleza de Internet hace que nuestras ideas se transmitan a cada uno de los autoproclamados “diseñadores web” que hay por ahí.

Como profesionales se nos presenta la misma situación que con la revolución de la autoedición, el Desktop Publishing se presentó en el diseño gráfico a final de los años 80. Las compañías de softwares proclaman que su producto hará tus páginas web tan buenas como las de un diseñador profesional. Los centros educativos locales ofrecen clases de diseño web enseñadas por profesores de informática que se centran en el HTML y no en el objetivo de crear diseños efectivos. Hay libros disponibles en la mayoría de tiendas con títulos como The Idiot’s guide to Web Design and Web Page Design for Dummies. Nuestra profesión se trata como una clase de manualidades en el hogar local de la tercera edad.

¿Así que, qué podemos hacer?

Lo que podemos hacer
Primero, necesitamos ampliar la distancia entre los autoproclamados diseñadores web y los auténticos profesionales. Los diseñadores profesionales no “hacemos” diseños de páginas web, los practicamos. El diseño web no es un gallardón de mérito para añadir al uniforme de los scouts (pero de la manera en que van las cosas probablemente no estamos muy lejos de ello), es una elección de carrera profesional que exige un crecimiento continuo y una dedicación seria. Continuamente trabajamos para mejorar nuestras habilidades y técnicas, aprendiendo cóm usar las nuevas herramientas y dominando las ya existentes. Para elevar nuestra profesión de la percepción que tiene ahora a la apreciación que se merece, la separación entre el profesional y el aficionado debería ser evidente para el observador casual.

En segundo lugar, como profesionales debemos entender que los motivos por los que el visitante hace clic en un botón son tan importantes como el aspecto de ese botón en diferentes navegadores. Debemos ser capaces de analizar la información que se incluirá en el sitio web y organizarla de una forma fácil de entender. En parte psicólogo y en parte editor de revista, el diseñador web necesita ser el equivalente digital de una persona del Renacimiento. Del mismo modo que un buen ilusionista puede hacer que la reina de corazones salga de una baraja de cartas, necesitamos ser capaces de guiar los visitantes a un sitio a la información que responderá sus cuestiones.

En tercer lugar, debemos establecer objetivos para los sitios que diseñamos. Trabajar con un cliente para desarrollar su estrategia en el web para que tenga éxito es tan importante como su aspecto visual. Una compañía que quiere un sitio sólo para estar online se perderá el impacto en las comunicaciones que un sitio efectivo puede tener. Como diseñadores profesionales debemos trabajar con una compañía para especificar lo que quieren conseguir de su sitio, y lo que hará falta para obtener ese resultado. A partir de esa información debemos desarrollar un sitio que resuelva las necesidades del cliente.

En cuarto lugar, entender el marketing debería ser una parte del currículo de cualquier diseñador web profesional. Deberíamos saber cómo utilizar la economía de Internet basada en los regalos para mejorar la percepción de la clientela acerca de nuestro cliente. Los profesionales no deben tener dificultades en planificar una campaña efectiva de banners o escribir etiquetas meta que funcionen bien para la promoción del sitio. Como profesionales necesitamos este tipo de formación para competir con los diseñadores que trabajan después de la escuela para enganchar nuestro mercado.

En quinto lugar, los diseñadores web profesionales deben estar orgullosos de su propia profesión. Es hora de que los diseñadores web sean consecuentes con su nombre, y lo recuperen de los chicos de 16 años. La próxima vez que se te acaben las tarjetas de visita, proclámalo orgullosamente y utiliza el nombre de Diseñador Web. Reúnete con los demás diseñadores en tu área y establece un grupo profesional. Deja de ocultarte detrás de nombres más bonitos y creativos; si lo haces sólo contribuyes a la percepción de que el diseño web es un negocio apto para idiotas y torpes.

No va a ser un camino fácil rehabilitar la imagen profesional del diseñador web, pero es algo que todos nosotros deberíamos empezar a hacer. El futuro de nuestra profesión se escribirá por nuestras actuaciones presentes. Así que la próxima vez que alguien te diga que su hijo de quinto tiene su propio sitio web, contéstale que debería seguir trabajando fuerte, y cuando se gradúe en la universidad quizás pueda ser un diseñador web profesional, como tú.

El Cártel

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El Cartel nació en 1998 para reivindicar la calle como espacio de opinión pública. Colectivo formado por: Mutis, Eneko, César Fernandez y Sean Alias, Jaques Le Biscuit; acuerdan dibujar, financiar y pegar un cartel temático cuatro veces al año, sin censuta, ni redactor jefe. El colectivo inunda las calles de Madrid, consciente del peligro delictivo inherente al graffitti. Sus creaciones están concebidas como un periódico mural de opinión, sin censura ni interferencias de ningún tipo con el que cada dos meses nos dan su punto de vista sobre temas como la inmigración, la religión o la violencia de género.

E N T R E V I S T A

El cartel: cuatro imágenes valen más que…

Por Carolina del Olmo Ladinamo

Tal vez hayas tenido la suerte de encontrarte por las calles de Madrid con un cartel con muy poco texto y cuatro viñetas en su interior. Se trata de El cartel, una suerte de periódico mural impreso a una sola tinta que, aunque discreto y poco llamativo en comparación con la bazofia multicolor de la publicidad que inunda los muros de nuestras ciudades, brilla con la luz de la inteligencia. Son números monográficos en los que cada uno de los cuatro dibujantes que lo elaboran condensa en una imagen un mismo tema de actualidad. Olaf, uno de sus creadores, nos habla de El cartel y de otras vertientes de su variada actividad artística.

¿Cómo empezó a funcionar El cartel?

Hará unos cuatro años, Mutis, Eneko, César Fernández Arias y yo decidimos realizar un cartel por nuestros propios medios, sin censura de ningún tipo ni apoyo económico exterior. Abordamos temas que en el momento nos parecen importantes y en unas pocas semanas El cartel está listo para pegar. A partir del segundo número, César, que es pintor, se retiró presentándonos a Jaques le Biscuit para que le sustituyera. Llevamos ya 26 números y aunque lo hemos pegado sobre todo en Madrid, el dedicado a la marea negra también se pegó en Galicia y, en 2002, nos invitaron a pegarlos en Turín, durante la bienal de arte joven de esa ciudad.

Contigo vamos a hablar largo y tendido pero, antes, cuéntanos ¿a qué se dedican tus compañeros?

Jaques le Biscuit es ilustrador, hace objetos, hace collages y, sobre todo, maqueta El cartel con su potente ordenador. Eneko es dibujante de opinión en periódicos, pintor y padre, lo que también le ocupa. Mutis también dibuja en periódicos, revistas y pronto será padre, lo que también le ocupará.

¿Queríais pegarlo en la calle desde un principio o fue, más bien, el resultado de una limitación, de no encontrar un sitio adecuado donde publicarlo?

Bueno, lo cierto es que últimamente El cartel, además de en los muros, puede verse en la revista Generación Siglo XXI, aunque sólo algunos números, otros no los quieren. Pero la idea original era, desde luego, la de pegarlo en la calle y conseguir que la gente lo viera, que llegue también a los que no están de acuerdo, a quienes no tienen nada que ver. Es, además, una forma de reivindicar la calle como espacio público que todos tenemos derecho a usar.

¿Qué tipo de temas tocáis?

Por desgracia nos ha tocado tres veces hablar de guerra y raramente de cosas positivas, como puede apreciarse por algunos de los temas tratados: la situación mundial tras el 11-S (Número cruzado), la desigualdad Norte-Sur (Número mal distribuido), el fútbol (Número de interés general), las Empresas de Trabajo Temporal (Número Empresa de Timo Temporal), la violencia de género (Número mal pegado), la situación de los medios de comunicación (Número comunicoacción), el precio de la vivienda (Número 13 rue del Percebe), los accidentes laborales (Número accidentado), las mareas negras (Número pringao)…

¿Consideras El cartel una forma de protesta más o menos individual o tiene un cierto afán pedagógico?

Pedagógico no, no es para educar a la gente, ni para inculcarles las ideas que ponemos en El cartel, sólo queremos plasmar nuestra opinión en la calle y que la gente que tiene una opinión contraria lo vea.

O sea que en cierta manera sí es pedagógico, pretendéis, al menos, mover a la reflexión…

Bueno, sí, pero en cualquier caso respetamos la opinión de los demás; estamos en un sitio público que es la calle y nosotros luchamos por nuestro derecho a opinar así que también tenemos que tener en consideración el derecho a opinar del lector. Ahora bien, sí nos gustaría que la gente se animara a expresarse en la calle de manera gráfica, con todo tipo de opiniones… generar respuestas es uno de nuestros objetivos.

¿El tema elegido en cada número supone alguna diferencia en el tiempo que tardan en arrancarlo?, es decir, ¿qué temas suscitan una censura más rápida?

Religión y sexo, fundamentalmente. Pero, por suerte, la mayoría de los «ataques» que sufrimos son bastante más agradables: amateurs que intentan llevarse a casa un cartel pringado de cola.

¿Crees que todo lo relacionado con la libertad de expresión está ahora peor que hace diez o quince años?

Sí, bueno, pero eso sólo te enteras si la utilizas. A mí me da la impresión de que hay mucha gente que cree que puede opinar de lo que quiera porque nunca se ha molestado en probar. Y en cuanto a la sensación de que hay menos posibilidades de decir las cosas, creo que también influye que hay menos gente con ganas de expresarse, lo cual también es preocupante. La censura ya no resulta tan necesaria porque la gente está embrutecida con sus programas de la tele, con el fútbol o cualquier otra cosa.

¿Distingues entre una faceta de tu trabajo que puedes vender, es decir, de la que puedes vivir y otra que no podría pasar por cauces comerciales sin resentirse?

Yo vivo de mis dibujos, pero no dibujo lo mismo para la prensa que para El cartel, que no tiene ninguna censura (de hecho, ni siquiera hay censura dentro del grupo; si uno opina distinto de los demás no hay problema, El cartel sale así, con sus divergencias y todo). Con la música me pasa algo parecido; en realidad es lo que más me gusta pero como sé que no voy a poder vivir de ella, prefiero no hacer ninguna concesión con mi grupo, Solex, y vivir de otra cosa.

Además de El cartel, de las ilustraciones y de la música, editas el fanzine ¡Qué suerte! Háblanos de él.

Es un fanzine fundamentalmente gráfico. De hecho, la idea era que no tuviera texto, pero algunos de los dibujantes que participan prefieren no renunciar a las palabras. No lleva publicidad y se financia a fondo perdido. Empecé hace diez años, cuando llegué a Madrid [Olaf es belga]. Conocí unos dibujantes que me gustaban y decidí hacer un fanzine; entre mi hermana, que es ilustradora, Mauro Entrialgo, yo y alguna gente más empezamos a reunir historietas. Y salió bien, así que seguimos adelante. Desde entonces ha ido saliendo un número al año, cada vez más gordos y con la participación de más y más dibujantes de todo el mundo. También suele colaborar gente del mundo de la música. De hecho, en el último, el Número Enfermo –siempre son monográficos– hay colaboraciones de Chris Knox y de Link de los Meanies. Y participa gente de Bélgica, Brasil, Hong Kong, EE UU, Argentina, Australia, Méjico… Además, Cutlas, que hace mucho tiempo que no se prodiga, hace una aparición estelar.

¿Alguna actividad más?

Fabrico sellos de linóleo y, cuando reúno unos cuantos, edito unos pequeños libritos de sellos. También están, cómo no, los Doo Rags, [aparatitos para hacer música o ruido, según se mire]. A partir de un juguete con sonido, una de esas pistolas galácticas, por ejemplo, pueden construirse magníficos aparatos que luego puedes decorar como más te guste. A veces los hago por encargo, para otros grupos de música, aunque lo que más me gusta es que cada uno se haga el suyo. Por eso he editado un librito de instrucciones –Coser y cantar– que explica cómo se fabrican. Que yo conozca, hay por lo menos tres grupos que se han construido su propio Doo Rag.

Fuente: rebelion.org

ForoAlfa | Diez cosas que aprendí

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Por Milton Glaser

Comparto algunas cosas que aprendí a lo largo de los años, que tienen mucho que ver con lo que hacemos los diseñadores.

1. Sólo puedes trabajar para gente que te agrada.

Es una regla curiosa que me llevó mucho tiempo aprender porque, de hecho, en los inicios de mi práctica sentía lo contrario. Ser profesional requería que no te gustara particularmente la gente para la cual trabajabas, o al menos que mantuvieras una relación distante, lo que significaba no almorzar con los clientes ni tener encuentros sociales. Hace algunos años me di cuenta de que lo opuesto era verdad. Descubrí que todo el trabajo valioso y significativo que había producido, provenía de relaciones afectivas con los clientes. No estoy hablando de profesionalismo; estoy hablando de afecto. Estoy hablando de compartir con el cliente algunos principios comunes. Que de hecho tu visión de la vida sea congruente con la del cliente. De otro modo la lucha es amarga y sin esperanzas.

2. Si puedes elegir, no tengas un empleo

Una noche estaba sentado en mi auto fuera de la Universidad de Columbia, donde mi esposa Shirley estudiaba antropología. Mientras esperaba escuchaba la radio y oí a un periodista preguntar: «Ahora que llegó a los setenta y cinco, ¿tiene algún consejo para nuestra audiencia sobre cómo prepararse para la vejez?». Una voz irritada dijo: «¿Por qué últimamente todos me preguntan sobre la vejez?». Reconocí la voz de John Cage. Estoy seguro que muchos saben quién fue —el compositor y filósofo que influenció a gente como Jasper Johns y Merce Cunningham y al mundo de la música en general. Apenas lo conocí y admiré su contribución a nuestro tiempo. «Sabes, no se cómo prepararme para la vejez», dijo. «Nunca tuve un empleo, porque si tienes un empleo, algún día alguien te lo sacará y entonces no estarás preparado para la vejez. Para mi ha sido lo mismo cada día desde los doce. Me levanto a la mañana y trato de darme una idea de cómo llevar el pan a la mesa hoy. Es lo mismo a los setenta y cinco: me levanto cada mañana y pienso cómo voy a llevar el pan a la mesa hoy. Estoy excelentemente bien preparado para la vejez».

3. Alguna gente es tóxica, mejor evitarla

(Este es un apartado del punto 1) En los sesenta había un hombre llamado Fritz Perls que era psicólogo gestáltico. La terapia Gestalt, derivada de la historia del arte, propone que debes comprender el «todo» antes de los detalles. Lo que debes observar es la cultura entera, la familia completa, y la comunidad, etc. Perls proponía que en todas las relaciones la gente puede ser tanto tóxica como enriquecedora entre sí. No es necesariamente cierto que la misma persona será tóxica o enriquecedora en todas sus relaciones, pero la combinación de dos personas puede producir consecuencias tóxicas o enriquecedoras. Y lo importante que puedo contar es que hay un test para determinar si alguien es tóxico o enriquecedor en su relación contigo. Aquí va el test: tienes que pasar algún tiempo con la persona, así sea tomar un trago, ir a cenar o ir a ver un juego deportivo. No importa demasiado, pero al final observa si te sientes con más o menos energía, si estas cansado o si estás fortalecido. Si estas más cansado, entonces te han envenenado. Si tienes más energía, te han enriquecido. El test es casi infalible y sugiero usarlo toda la vida.

4. El profesionalismo no alcanza, o lo bueno es enemigo de lo genial

Cuando comencé mi carrera quería ser profesional. Esa era mi aspiración porque los profesionales parecía saber todo —sin mencionar que además les pagan por eso. Más tarde, después de trabajar un tiempo, descubrí que el profesionalismo en si mismo era una limitante. Después de todo, lo que profesionalismo significa en la mayoría de los casos es «reducción de riesgos». Así, si quieres arreglar tu auto vas a un mecánico que sepa como lidiar con el problema que tiene. Supongo que si necesitas cirugía del cerebro no querrás tener cerca a un doctor tonto inventando una nueva forma de conectar tus terminaciones nerviosas. Por favor hazlo de la forma que ha funcionado bien en el pasado.

Desafortunadamente nuestro campo, el así llamado creativo (odio esa palabra porque se suele usar mal, odio el hecho de que se la use como sustantivo, ¿te imaginas llamar a alguien creativo?), cuando haces algo en forma recurrente para reducir riesgos o lo haces de la misma forma en que lo has hecho antes, se vuelve claro por qué el profesionalismo no es suficiente. Después de todo, lo que ser requiere en nuestro campo, más que cualquier otra cosa, es la transgresión continua. El profesionalismo no da lugar a la transgresión porque ésta incluye la posibilidad de error, y si eres profesional tu instinto te dicta no fallar, sino repetir el éxito. Entonces el profesionalismo como aspiración de vida es una meta limitada.

5. Menos no necesariamente es más

Al ser hijo del modernismo escuché este mantra toda mi vida: «menos es más». Una mañana, antes de levantarme, me di cuenta de que era un sinsentido total, un asunto absurdo y bastante vacío. Pero suena importante porque contiene dentro de sí una paradoja resistente a la razón. Sin embargo no funciona cuando pensamos en la historia visual del mundo. Si observas una alfombra persa, no puedes decir que menos es más porque te das cuenta de que cada parte de esa alfombra, cada cambio de color, cada cambio de forma es absolutamente esencial para su calidad estética. No se puede probar de ninguna manera que una alfombra lisa es superior. Lo mismo con el trabajo de Gaudí, las miniaturas persas, el art nouveau y muchas otras cosas. Tengo una máxima alternativa que creo que es más apropiada: «suficiente es más».

6. El estilo no es confiable

Creo que esta idea se me ocurrió por primera vez cuando miraba una maravillosa acuarela de un toro de Picasso. Era una ilustración para un cuento de Balzac llamado «La obra maestra desconocida». Es un toro expresado en doce estilos diferentes, desde una versión muy naturalista a una abstracción reducida a una simple línea, con todos los pasos intermedios. Lo que surge con claridad al observar este impreso es que el estilo es irrelevante. En cada uno de esos casos, desde la abstracción extrema al naturalismo fiel, todos son extraordinarios más allá del estilo. Es absurdo ser leal a un estilo. No merece tu lealtad. Debo decir que para los viejos profesionales del diseño es un problema, porque el campo está manejado más que nunca por intereses económicos. El cambio de estilo suele estar ligado a factores económicos, como todos los que leyeron a Marx saben. También se produce cansancio cuando la gente ve demasiado de lo mismo todo el tiempo. Entonces, cada diez años más o menos se produce un cambio estilístico y las cosas se vuelven diferentes. Las tipografías van y vienen y el sistema visual cambia un poco. Si tienes años de trabajo como diseñador tienes el problema esencial de qué hacer. Quiero decir, después de todo, has desarrollado un vocabulario, una forma que te es propia. Es uno de los modos de distinguirte de tus pares y establecer tu identidad en el campo del diseño. Mantener tus creencias y preferencias se vuelve un acto de equilibrio. La duda entre perseguir el cambio o mantener tu propia forma distintiva se vuelve complicado. Todos hemos conocido casos de ilustres médicos cuyo trabajo repentinamente se pasó de moda o, más precisamente, se quedó en el tiempo. Y allí hay historias tristes como la de Casandre, indiscutidamente el más grande diseñador gráfico de la década del 20 del siglo XX, que no pudo ganarse la vida en sus últimos años y se suicidó.

7. En la medida en que vives, tu cerebro cambia

El cerebro es el órgano más activo del cuerpo. De hecho es el órgano más susceptible de cambiar y regenerarse de todos los órganos. Tengo un amigo llamado Gerard Edelman que es un gran erudito en estudios del cerebro, que dice que la analogía del cerebro con la computadora es lamentable. El cerebro es más como un jardín silvestre que constantemente está creciendo y esparciendo semillas, regenerándose, etc. Y él cree que el cerebro es susceptible —en una forma de la cual no somos totalmente concientes— a toda experiencia y a todo encuentro que tengamos en nuestra vida.

Me fascinó una historia en un periódico hace pocos años acerca de la búsqueda del oído absoluto. Un grupo de científicos decidió que descubriría por qué alguna gente tiene oído absoluto. Son los que pueden escuchar una nota con precisión y replicarla exactamente en el tono correcto. Alguna gente tiene un oído muy fino, pero el oído absoluto es raro incluso entre los músicos. Los científicos descubrieron —no sé cómo— que en la gente con oído absoluto el cerebro era diferente. Ciertos lóbulos del cerebro habían experimentado algún cambio o deformación recurrente entre quienes tenían oído absoluto. Esto fue suficientemente interesante en sí mismo, pero entonces descubrieron algo aún más fascinante: si tomas un grupo de niños de cuatro o cinco años de edad y les enseñas a tocar el violín, luego de unos años algunos de ellos habrán desarrollado el oído absoluto, y en todos esos casos su estructura cerebral habrá cambiado. Bien… ¿qué podría significar eso para el resto de nosotros? Tendemos a creer que la mente afecta al cuerpo y el cuerpo afecta la mente, pero generalmente no creemos que todo lo que hacemos afecte el cerebro. Estoy convencido de que si alguien me gritara desde el otro lado de la calle mi cerebro podría ser afectado y mi vida podría cambiar. Es por eso que mi madre siempre decía: «no te juntes con esos chicos malos». Mamá tenía razón. El pensamiento cambia nuestra vida y nuestro comportamiento.

También creo que el dibujo funciona de la misma manera. Soy un gran defensor del dibujo, no por haberme convertido en ilustrador, sino porque creo que el dibujo cambia el cerebro de la misma forma en que encontrar la nota correcta cambia la vida de un violinista. El dibujo te vuelve atento, te hace prestar atención a lo que ves, lo cual no es tan fácil.

8. La duda es mejor que la certeza

Todo el mundo habla siempre de tener confianza, de creer en lo que haces. Recuerdo una vez en clase de yoga, el profesor dijo que, espiritualmente hablando, si tu crees que has alcanzado la iluminación apenas has alcanzado tus límites. Pienso que es verdad en un sentido práctico. Las creencias profundamente arraigadas de cualquier tipo evitan que te abras a experimentar, y es por eso que encuentro cuestionable a toda posición ideológica sostenida con firmeza. Me pone nervioso cuando alguien cree demasiado en algo. Ser escéptico y cuestionar toda convicción arraigada es esencial. Por supuesto hay que tener clara la diferencia entre escepticismo y cinismo, porque el cinismo es tan restrictivo a la propia apertura al mundo como las convicciones apasionadas: son como gemelos. En definitiva, resolver cualquier problema es más importante que tener razón. Existe una sensación de autosuficiencia tanto en el mundo del arte como en el del diseño. Tal vez comienza en la escuela. Las escuelas de arte a menudo comienzan con el modelo de personalidad singular de Ayn Rand, resistiendo a las ideas de la cultura que la rodeaba. La teoría de las vanguardias es que como individuo tu puedes transformar el mundo, lo cual es verdad hasta cierto punto. Uno de los signos del ego dañado es la certeza absoluta.

Las escuelas alientan la idea de no comprometerse y defender tu trabajo a toda costa. Bien, el asunto es que todo trabajo tiene que ver más que nada con la naturaleza del compromiso. Sólo tienes que saber con qué comprometerte. La búsqueda ciega de tus propios fines a costas de excluir la posibilidad de que otros puedan tener razón, no tiene en cuenta el hecho de que en diseño siempre lidiamos con una tríada: el cliente, la audiencia y tu mismo. Lo ideal sería que mediante alguna clase de negociación todas las partes ganaran, pero la autosuficiencia suele ser el enemigo. El narcisismo generalmente proviene de alguna clase de trauma de la infancia que no debe profundizarse. Se trata de un aspecto muy difícil en las relaciones humanas. Hace algunos años leí una cosa muy notable sobre el amor, que también aplica a la naturaleza de la relación con los otros. Era una cita de Iris Murdoch en su obituario. Decía: «El amor es el hecho extremadamente difícil de darse cuenta de que el otro, que no es uno, es real». ¡¿No es fantástico?! La mejor conclusión sobre el tema del amor que se pueda imaginar.

9. Sobre la edad

El año pasado alguien me regalo para mi cumpleaños un libro encantador de Roger Rosenblatt, llamado «Ageing Gracefully» (Envejeciendo con gracia). No me di cuenta del título en el momento, pero contiene una serie de reglas para envejecer con gracia. La primera regla es la mejor: «No importa. No importa lo que pienses. Sigue esta regla y agregarás décadas a tu vida. No importa si es tarde o temprano, si estás aquí o allá, si lo dijiste o no, si eres inteligente o estúpido. Si saliste despeinado o calvo o si tu jefe te mira cruzado o tu novio o novia te mira cruzado, si tu estás cruzado. Si consigues o no que te den ese ascenso o premio o casa —no importa». Sabiduría al fin. Entonces escuché un maravilloso cuento que parecía relacionada con la regla número diez: Un carnicero estaba abriendo su negocio una mañana y mientras lo hacía un conejo asomó su cabeza a través de la puerta. El carnicero se sorprendió cuando el conejo preguntó: «¿Tiene repollo?». El carnicero dijo: «Esta es una carnicería, vendemos carne, no vegetales». El conejo se fue saltando. Al día siguiente el carnicero estába abriendo su negocio y el conejo asomó su cabeza y preguntó: «¿Tiene repollo?». El carnicero ahora enojado le respondió: «Escúchame pequeño roedor, te dije ayer que vendemos carne, no vegetales, y la próxima vez que vengas por aquí te voy a agarrar del cogote y clavaré esas orejas flojas al suelo». El conejo desapareció precipitadamente y nada sucedió durante una semana. Entonces una mañana el conejo asomó su cabeza desde la esquina y preguntó: «¿tiene clavos?». El carnicero dijo: «No». Entonces el conejo dijo: «Tiene repollo».

10. Decir la verdad

El cuento del conejo es importante porque se me ocurrió que buscar repollo en una carnicería sería como buscar ética en el campo del diseño. No parece ser el lugar más adecuado para encontrarla tampoco. Es interesante observar que en el nuevo código de ética de la AIGA (American Institute of Graphic Arts) aparece una cantidad importante de información sobre conductas para con los clientes y para con otros diseñadores, pero ni una palabra acerca de la relación del diseñador con el público. Lo que se espera del carnicero es que venda carne que se pueda comer y no mercadería engañosa. Recuerdo haber leído que durante los años de Stalin en Rusia, todo lo que llevaba la etiqueta de «ternera» en realidad era pollo. No me quiero imaginar qué sería lo que llevaba la etiqueta «pollo». Podemos aceptar algún nivel mínimo de engaño, como que nos mientan a cerca del tenor graso de sus hamburguesas, pero cuando el carnicero nos vende carne podrida nos vamos a otra parte. Como diseñadores ¿tenemos menos responsabilidad con nuestro público que un carnicero? Quien esté interesado en matricular el diseño gráfico, debería notar que la razón de ser de una matrícula es proteger al público, no a los diseñadores ni a los clientes. «No hacer daño» es una advertencia a los doctores que tiene que ver con la relación con sus pacientes, no con sus colegas o con los laboratorios. Si fuéramos matriculados, decir la verdad se convertiría en algo más importante en nuestra actividad.

Publicado el 06/08/2007
Parte de la charla de la AIGA (America Institute of Graphic Arts) en Londres, 2001. Traducción: Florencia Rodríguez Daniel.

Fuente: ForoAlfa

Diez cosas que aprendí

Por Milton Glaser

Comparto algunas cosas que aprendí a lo largo de los años, que tienen mucho que ver con lo que hacemos los diseñadores.

1. Sólo puedes trabajar para gente que te agrada.
Es una regla curiosa que me llevó mucho tiempo aprender porque, de hecho, en los inicios de mi práctica sentía lo contrario. Ser profesional requería que no te gustara particularmente la gente para la cual trabajabas, o al menos que mantuvieras una relación distante, lo que significaba no almorzar con los clientes ni tener encuentros sociales. Hace algunos años me di cuenta de que lo opuesto era verdad. Descubrí que todo el trabajo valioso y significativo que había producido, provenía de relaciones afectivas con los clientes. No estoy hablando de profesionalismo; estoy hablando de afecto. Estoy hablando de compartir con el cliente algunos principios comunes. Que de hecho tu visión de la vida sea congruente con la del cliente. De otro modo la lucha es amarga y sin esperanzas.
2. Si puedes elegir, no tengas un empleo

Una noche estaba sentado en mi auto fuera de la Universidad de Columbia, donde mi esposa Shirley estudiaba antropología. Mientras esperaba escuchaba la radio y oí a un periodista preguntar: «Ahora que llegó a los setenta y cinco, ¿tiene algún consejo para nuestra audiencia sobre cómo prepararse para la vejez?». Una voz irritada dijo: «¿Por qué últimamente todos me preguntan sobre la vejez?». Reconocí la voz de John Cage. Estoy seguro que muchos saben quién fue —el compositor y filósofo que influenció a gente como Jasper Johns y Merce Cunningham y al mundo de la música en general. Apenas lo conocí y admiré su contribución a nuestro tiempo. «Sabes, no se cómo prepararme para la vejez», dijo. «Nunca tuve un empleo, porque si tienes un empleo, algún día alguien te lo sacará y entonces no estarás preparado para la vejez. Para mi ha sido lo mismo cada día desde los doce. Me levanto a la mañana y trato de darme una idea de cómo llevar el pan a la mesa hoy. Es lo mismo a los setenta y cinco: me levanto cada mañana y pienso cómo voy a llevar el pan a la mesa hoy. Estoy excelentemente bien preparado para la vejez».
3. Alguna gente es tóxica, mejor evitarla
(Este es un apartado del punto 1) En los sesenta había un hombre llamado Fritz Perls que era psicólogo gestáltico. La terapia Gestalt, derivada de la historia del arte, propone que debes comprender el «todo» antes de los detalles. Lo que debes observar es la cultura entera, la familia completa, y la comunidad, etc. Perls proponía que en todas las relaciones la gente puede ser tanto tóxica como enriquecedora entre sí. No es necesariamente cierto que la misma persona será tóxica o enriquecedora en todas sus relaciones, pero la combinación de dos personas puede producir consecuencias tóxicas o enriquecedoras. Y lo importante que puedo contar es que hay un test para determinar si alguien es tóxico o enriquecedor en su relación contigo. Aquí va el test: tienes que pasar algún tiempo con la persona, así sea tomar un trago, ir a cenar o ir a ver un juego deportivo. No importa demasiado, pero al final observa si te sientes con más o menos energía, si estas cansado o si estás fortalecido. Si estas más cansado, entonces te han envenenado. Si tienes más energía, te han enriquecido. El test es casi infalible y sugiero usarlo toda la vida.

4. El profesionalismo no alcanza, o lo bueno es enemigo de lo genial
Cuando comencé mi carrera quería ser profesional. Esa era mi aspiración porque los profesionales parecía saber todo —sin mencionar que además les pagan por eso. Más tarde, después de trabajar un tiempo, descubrí que el profesionalismo en si mismo era una limitante. Después de todo, lo que profesionalismo significa en la mayoría de los casos es «reducción de riesgos». Así, si quieres arreglar tu auto vas a un mecánico que sepa como lidiar con el problema que tiene. Supongo que si necesitas cirugía del cerebro no querrás tener cerca a un doctor tonto inventando una nueva forma de conectar tus terminaciones nerviosas. Por favor hazlo de la forma que ha funcionado bien en el pasado.

Desafortunadamente nuestro campo, el así llamado creativo (odio esa palabra porque se suele usar mal, odio el hecho de que se la use como sustantivo, ¿te imaginas llamar a alguien creativo?), cuando haces algo en forma recurrente para reducir riesgos o lo haces de la misma forma en que lo has hecho antes, se vuelve claro por qué el profesionalismo no es suficiente. Después de todo, lo que ser requiere en nuestro campo, más que cualquier otra cosa, es la transgresión continua. El profesionalismo no da lugar a la transgresión porque ésta incluye la posibilidad de error, y si eres profesional tu instinto te dicta no fallar, sino repetir el éxito. Entonces el profesionalismo como aspiración de vida es una meta limitada.

5. Menos no necesariamente es más
Al ser hijo del modernismo escuché este mantra toda mi vida: «menos es más». Una mañana, antes de levantarme, me di cuenta de que era un sinsentido total, un asunto absurdo y bastante vacío. Pero suena importante porque contiene dentro de sí una paradoja resistente a la razón. Sin embargo no funciona cuando pensamos en la historia visual del mundo. Si observas una alfombra persa, no puedes decir que menos es más porque te das cuenta de que cada parte de esa alfombra, cada cambio de color, cada cambio de forma es absolutamente esencial para su calidad estética. No se puede probar de ninguna manera que una alfombra lisa es superior. Lo mismo con el trabajo de Gaudí, las miniaturas persas, el art nouveau y muchas otras cosas. Tengo una máxima alternativa que creo que es más apropiada: «suficiente es más».

6. El estilo no es confiable
Creo que esta idea se me ocurrió por primera vez cuando miraba una maravillosa acuarela de un toro de Picasso. Era una ilustración para un cuento de Balzac llamado «La obra maestra desconocida». Es un toro expresado en doce estilos diferentes, desde una versión muy naturalista a una abstracción reducida a una simple línea, con todos los pasos intermedios. Lo que surge con claridad al observar este impreso es que el estilo es irrelevante. En cada uno de esos casos, desde la abstracción extrema al naturalismo fiel, todos son extraordinarios más allá del estilo. Es absurdo ser leal a un estilo. No merece tu lealtad. Debo decir que para los viejos profesionales del diseño es un problema, porque el campo está manejado más que nunca por intereses económicos. El cambio de estilo suele estar ligado a factores económicos, como todos los que leyeron a Marx saben. También se produce cansancio cuando la gente ve demasiado de lo mismo todo el tiempo. Entonces, cada diez años más o menos se produce un cambio estilístico y las cosas se vuelven diferentes. Las tipografías van y vienen y el sistema visual cambia un poco. Si tienes años de trabajo como diseñador tienes el problema esencial de qué hacer. Quiero decir, después de todo, has desarrollado un vocabulario, una forma que te es propia. Es uno de los modos de distinguirte de tus pares y establecer tu identidad en el campo del diseño. Mantener tus creencias y preferencias se vuelve un acto de equilibrio. La duda entre perseguir el cambio o mantener tu propia forma distintiva se vuelve complicado. Todos hemos conocido casos de ilustres médicos cuyo trabajo repentinamente se pasó de moda o, más precisamente, se quedó en el tiempo. Y allí hay historias tristes como la de Casandre, indiscutidamente el más grande diseñador gráfico de la década del 20 del siglo XX, que no pudo ganarse la vida en sus últimos años y se suicidó.

7. En la medida en que vives, tu cerebro cambia
El cerebro es el órgano más activo del cuerpo. De hecho es el órgano más susceptible de cambiar y regenerarse de todos los órganos. Tengo un amigo llamado Gerard Edelman que es un gran erudito en estudios del cerebro, que dice que la analogía del cerebro con la computadora es lamentable. El cerebro es más como un jardín silvestre que constantemente está creciendo y esparciendo semillas, regenerándose, etc. Y él cree que el cerebro es susceptible —en una forma de la cual no somos totalmente concientes— a toda experiencia y a todo encuentro que tengamos en nuestra vida.

Me fascinó una historia en un periódico hace pocos años acerca de la búsqueda del oído absoluto. Un grupo de científicos decidió que descubriría por qué alguna gente tiene oído absoluto. Son los que pueden escuchar una nota con precisión y replicarla exactamente en el tono correcto. Alguna gente tiene un oído muy fino, pero el oído absoluto es raro incluso entre los músicos. Los científicos descubrieron —no sé cómo— que en la gente con oído absoluto el cerebro era diferente. Ciertos lóbulos del cerebro habían experimentado algún cambio o deformación recurrente entre quienes tenían oído absoluto. Esto fue suficientemente interesante en sí mismo, pero entonces descubrieron algo aún más fascinante: si tomas un grupo de niños de cuatro o cinco años de edad y les enseñas a tocar el violín, luego de unos años algunos de ellos habrán desarrollado el oído absoluto, y en todos esos casos su estructura cerebral habrá cambiado. Bien… ¿qué podría significar eso para el resto de nosotros? Tendemos a creer que la mente afecta al cuerpo y el cuerpo afecta la mente, pero generalmente no creemos que todo lo que hacemos afecte el cerebro. Estoy convencido de que si alguien me gritara desde el otro lado de la calle mi cerebro podría ser afectado y mi vida podría cambiar. Es por eso que mi madre siempre decía: «no te juntes con esos chicos malos». Mamá tenía razón. El pensamiento cambia nuestra vida y nuestro comportamiento.

También creo que el dibujo funciona de la misma manera. Soy un gran defensor del dibujo, no por haberme convertido en ilustrador, sino porque creo que el dibujo cambia el cerebro de la misma forma en que encontrar la nota correcta cambia la vida de un violinista. El dibujo te vuelve atento, te hace prestar atención a lo que ves, lo cual no es tan fácil.

8. La duda es mejor que la certeza
Todo el mundo habla siempre de tener confianza, de creer en lo que haces. Recuerdo una vez en clase de yoga, el profesor dijo que, espiritualmente hablando, si tu crees que has alcanzado la iluminación apenas has alcanzado tus límites. Pienso que es verdad en un sentido práctico. Las creencias profundamente arraigadas de cualquier tipo evitan que te abras a experimentar, y es por eso que encuentro cuestionable a toda posición ideológica sostenida con firmeza. Me pone nervioso cuando alguien cree demasiado en algo. Ser escéptico y cuestionar toda convicción arraigada es esencial. Por supuesto hay que tener clara la diferencia entre escepticismo y cinismo, porque el cinismo es tan restrictivo a la propia apertura al mundo como las convicciones apasionadas: son como gemelos. En definitiva, resolver cualquier problema es más importante que tener razón. Existe una sensación de autosuficiencia tanto en el mundo del arte como en el del diseño. Tal vez comienza en la escuela. Las escuelas de arte a menudo comienzan con el modelo de personalidad singular de Ayn Rand, resistiendo a las ideas de la cultura que la rodeaba. La teoría de las vanguardias es que como individuo tu puedes transformar el mundo, lo cual es verdad hasta cierto punto. Uno de los signos del ego dañado es la certeza absoluta.

Las escuelas alientan la idea de no comprometerse y defender tu trabajo a toda costa. Bien, el asunto es que todo trabajo tiene que ver más que nada con la naturaleza del compromiso. Sólo tienes que saber con qué comprometerte. La búsqueda ciega de tus propios fines a costas de excluir la posibilidad de que otros puedan tener razón, no tiene en cuenta el hecho de que en diseño siempre lidiamos con una tríada: el cliente, la audiencia y tu mismo. Lo ideal sería que mediante alguna clase de negociación todas las partes ganaran, pero la autosuficiencia suele ser el enemigo. El narcisismo generalmente proviene de alguna clase de trauma de la infancia que no debe profundizarse. Se trata de un aspecto muy difícil en las relaciones humanas. Hace algunos años leí una cosa muy notable sobre el amor, que también aplica a la naturaleza de la relación con los otros. Era una cita de Iris Murdoch en su obituario. Decía: «El amor es el hecho extremadamente difícil de darse cuenta de que el otro, que no es uno, es real». ¡¿No es fantástico?! La mejor conclusión sobre el tema del amor que se pueda imaginar.

9. Sobre la edad
El año pasado alguien me regalo para mi cumpleaños un libro encantador de Roger Rosenblatt, llamado «Ageing Gracefully» (Envejeciendo con gracia). No me di cuenta del título en el momento, pero contiene una serie de reglas para envejecer con gracia. La primera regla es la mejor: «No importa. No importa lo que pienses. Sigue esta regla y agregarás décadas a tu vida. No importa si es tarde o temprano, si estás aquí o allá, si lo dijiste o no, si eres inteligente o estúpido. Si saliste despeinado o calvo o si tu jefe te mira cruzado o tu novio o novia te mira cruzado, si tu estás cruzado. Si consigues o no que te den ese ascenso o premio o casa —no importa». Sabiduría al fin. Entonces escuché un maravilloso cuento que parecía relacionada con la regla número diez: Un carnicero estaba abriendo su negocio una mañana y mientras lo hacía un conejo asomó su cabeza a través de la puerta. El carnicero se sorprendió cuando el conejo preguntó: «¿Tiene repollo?». El carnicero dijo: «Esta es una carnicería, vendemos carne, no vegetales». El conejo se fue saltando. Al día siguiente el carnicero estába abriendo su negocio y el conejo asomó su cabeza y preguntó: «¿Tiene repollo?». El carnicero ahora enojado le respondió: «Escúchame pequeño roedor, te dije ayer que vendemos carne, no vegetales, y la próxima vez que vengas por aquí te voy a agarrar del cogote y clavaré esas orejas flojas al suelo». El conejo desapareció precipitadamente y nada sucedió durante una semana. Entonces una mañana el conejo asomó su cabeza desde la esquina y preguntó: «¿tiene clavos?». El carnicero dijo: «No». Entonces el conejo dijo: «Tiene repollo».

10. Decir la verdad
El cuento del conejo es importante porque se me ocurrió que buscar repollo en una carnicería sería como buscar ética en el campo del diseño. No parece ser el lugar más adecuado para encontrarla tampoco. Es interesante observar que en el nuevo código de ética de la AIGA (American Institute of Graphic Arts) aparece una cantidad importante de información sobre conductas para con los clientes y para con otros diseñadores, pero ni una palabra acerca de la relación del diseñador con el público. Lo que se espera del carnicero es que venda carne que se pueda comer y no mercadería engañosa. Recuerdo haber leído que durante los años de Stalin en Rusia, todo lo que llevaba la etiqueta de «ternera» en realidad era pollo. No me quiero imaginar qué sería lo que llevaba la etiqueta «pollo». Podemos aceptar algún nivel mínimo de engaño, como que nos mientan a cerca del tenor graso de sus hamburguesas, pero cuando el carnicero nos vende carne podrida nos vamos a otra parte. Como diseñadores ¿tenemos menos responsabilidad con nuestro público que un carnicero? Quien esté interesado en matricular el diseño gráfico, debería notar que la razón de ser de una matrícula es proteger al público, no a los diseñadores ni a los clientes. «No hacer daño» es una advertencia a los doctores que tiene que ver con la relación con sus pacientes, no con sus colegas o con los laboratorios. Si fuéramos matriculados, decir la verdad se convertiría en algo más importante en nuestra actividad.

Publicado el 06/08/2007
Parte de la charla de la AIGA (America Institute of Graphic Arts) en Londres, 2001. Traducción: Florencia Rodríguez Daniel.

Fuente: ForoAlfa

ForoAlfa | ¿Qué es el diseño?

La pregunta que todos creen saber responder con total seguridad y convicción. Sin embargo, las respuestas suelen ser muy diversas y a veces opuestas. Vale la pena conocerlas, ya sea para confirmar la propia opinión o para replantearsela.

El diseño es una disciplina autónoma

En Profesor… ¿qué es el diseño? Alfredo Yantorno lo considera una forma de pensamiento. En De la verdad a la verosimilitud sostiene que la columna vertebral del desarrollo intelectual y académico hoy, debe ser el Diseño, conceptualizado como atributo ontológico de la Humanidad, tal como lo concibe desde hace un cuarto de siglo Gui Bonsiepe.

Para Reinaldo Leiro el diseño configura una disciplina autónoma, a pesar de sus coincidencias con la ingeniería, las artes y las ciencias sociales. (Lo específico del diseño)

Roberto Doberti se aproxima a las posturas de Leiro y Yantorno: el diseño conformaría una cuarta categoría del hacer y el pensar, a la altura del Arte, la Ciencia y la Tecnología. (La cuarta posición)

Es un servicio

Raúl Belluccia lo define en ¿Qué hacen los diseñadores cuando diseñan? como uno más de los servicios que intervienen en la planificación de artefactos.

Norberto Chaves considera una gran distorsión confundir al diseño con la invención de cosas, y asignarle el carácter de práctica universal en el tiempo y el espacio de la humanidad. El diseño es un oficio, tan modesto como indispensable y efectivamente al servicio de las necesidades del mercado, cualquiera fuera el signo —social o antisocial— de tales necesidades. (El oficio más antiguo del mundo)

Es la técnica de prefiguración

En La capacidad de visualizar André Ricard reivindica a la prefiguración como la esencia de la tarea de diseñar. Dicho con sus palabras, diseñar es «imaginar cómo se comportaran las cosas antes de que existan». Esta posición no necesariamente confronta con las otras.

Fuente: ForoAlfa

¿Qué es el diseño?

La pregunta que todos creen saber responder con total seguridad y convicción. Sin embargo, las respuestas suelen ser muy diversas y a veces opuestas. Vale la pena conocerlas, ya sea para confirmar la propia opinión o para replantearsela.

Es una disciplina autónoma

En Profesor… ¿qué es el diseño? Alfredo Yantorno lo considera una forma de pensamiento. En De la verdad a la verosimilitud sostiene que la columna vertebral del desarrollo intelectual y académico hoy, debe ser el Diseño, conceptualizado como atributo ontológico de la Humanidad, tal como lo concibe desde hace un cuarto de siglo Gui Bonsiepe.

Para Reinaldo Leiro el diseño configura una disciplina autónoma, a pesar de sus coincidencias con la ingeniería, las artes y las ciencias sociales. (Lo específico del diseño)

Roberto Doberti se aproxima a las posturas de Leiro y Yantorno: el diseño conformaría una cuarta categoría del hacer y el pensar, a la altura del Arte, la Ciencia y la Tecnología. (La cuarta posición)

Es un servicio

Raúl Belluccia lo define en ¿Qué hacen los diseñadores cuando diseñan? como uno más de los servicios que intervienen en la planificación de artefactos.

Norberto Chaves considera una gran distorsión confundir al diseño con la invención de cosas, y asignarle el carácter de práctica universal en el tiempo y el espacio de la humanidad. El diseño es un oficio, tan modesto como indispensable y efectivamente al servicio de las necesidades del mercado, cualquiera fuera el signo —social o antisocial— de tales necesidades. (El oficio más antiguo del mundo)

Es la técnica de prefiguración

En La capacidad de visualizar André Ricard reivindica a la prefiguración como la esencia de la tarea de diseñar. Dicho con sus palabras, diseñar es «imaginar cómo se comportaran las cosas antes de que existan». Esta posición no necesariamente confronta con las otras.

Fuente: ForoAlfa

Revista Hermano Lobo – digitalizada

Hermano Lobo fue una revista de humor inspirada en el semanario francés Charlie Hebdo, editada entre los años 1972 y 1976.
En sus páginas colaboraron autores de la talla de Forges, Chumy Chúmez, Andrés Rábago «El Roto» (que por aquel entonces firmaba como Ops), Manolo Summers, Gila o Perich, y escritores como Manuel Vicent, Francisco Umbral, o Luis Carandell.
Al igual que el resto de las revistas de actualidad política de la transición, Hermano Lobo sufrió varios casos de censura y secuestro de números.

Hoy, al igual que en el caso de Triunfo Digital, todos los números de la revista se han digitalizado y están disponibles en Hermano Lobo Digital. Una gran oportunidad para conocer un poco mejor el tiempo en que “Contra Franco vivíamos mejor”.

«Fue una fulgurante irrupción. Hermano Lobo, sin aviso previo, sin campaña de lanzamiento, sin miramientos, hasta con descaro, invadió los quioscos españoles. Sus ejemplares aparecieron súbitamente como briosos pasquines que arrollaron revistas del corazón, semanarios, fascículos y toda clase de etcéteras de papel. Desde su morada hornacina en la portada, el hierático torero de Ops ofició como atrayente e inquietante enigma para que, al divisarlo, cuantos pasaban por allí se precipitaran al inmediato puesto de periódicos y, seducidos, sin pensarlo más, arrebataran los ejemplares de aquella revista de título tan extraño como inesperado. Y tan oportuno. Cuando, sedientos de humor, fueron descubriendo el sorprendente contenido de sus páginas, no solo se habían convertido ya en sus fieles lectores, sino en entusiastas prosélitos que utilizaron el directo boca-oreja para expandir la buena nueva».