7 secretos para impulsar tu creatividad

Por Paul Kaihla
Publicado: 06:05 28 de septiembre de 2007 en CNN Expansión

Paolo Lugari es un inventor autodidacta que se ha convertido en todo un héroe al fundar en Colombia la comunidad Las Gaviotas, un modelo de desarrollo sustentable basado en la utilización de energías renovables.Lugari (de 63 años) ha logrado junto con su equipo instalar calentadores de agua y refrigeradores solares para viviendas populares, crearon cocinas que funcionan con aceite de algodón y fabrican cajas de cartón a partir de la resina de los pinos, entre otros inventos.

Lugari comparte siete consejos para impulsar la creatividad dentro de una organización:

1. Olvida las juntas de “lluvias de ideas”.

La creatividad es espontánea. Las reuniones formales son un deficiente foro para la creación. La gente se siente presionada porque tiene un tiempo limitado y una lista estrecha de cosas a discutir. Mejor convierte cada día de trabajo en una continua y eterna sesión de “lluvia de ideas”.

2. Practica el Código da Vinci.

Cuando tu empresa u organización aborde un problema o un nuevo proyecto, borra la pizarra de todas las ideas preconcebidas. Leonardo da Vinci tenía como primer paso la “tabula rasa” (una pizarra en blanco).

3. Juega limpio (y agradable) con los demás.

En el exitoso proyecto Las Gaviotas, las nuevas tecnologías surgen sin un proceso formal de actualización, sino que son fruto de colaboraciones espontáneas. Las invenciones son espontáneas y producto de un pensamiento colectivo que las impulsa.

4. Quema el manual de políticas de tu compañía.

Para pensar libremente, tienes que actuar libremente. Una dedicación fanática a la libertad de expresión (que no tiene estorbos en ningún nivel de la organización) ha producido en Las Gaviotas una forma de pensar donde el comportamiento improductivo no sucede y no tiene cabida.

5. Elimina el “cliché nobiliario”.

No hay jerarquías basadas en los títulos y diplomas, un pasante de carrera recibe la misma atención que un Doctor o Master. Uno de los proyectos más importantes en Las Gaviotas (la producción de resinas extraídas del pino) se desarrolló a partir de una idea que aportó el cocinero.

6. Domina el arte de la combinación de oficios.

Algunos de los grandes descubrimientos fueron gracias a gente que se aventuró a cambiar de profesión y experimentar nuevas disciplinas. Gregorio Mendel, el padre de la genética, fue sacerdote antes de convertirse en biólogo, y William Robert Grove era un abogado que luego descubrió la célula electroquímica (fuel cell). Así que puedes rotar y dar movilidad a tus expertos fuera de sus áreas de especialidad, para tener gente que sabe de todo y está por delante de expertos enfocados a asuntos muy particulares.

7. Vacía tu calendario de Outlook.

Deja por la paz todos los trucos que tienes para manejar tu tiempo. Dedica cada hora de tu jornada laboral a cualquier tarea o inspiración que surja espontáneamente. Si continúas llenando tu agenda semanal con reuniones y tareas programadas, apagarás cualquier chispa de creatividad incluso antes de darle tiempo de cristalizar.

Orgulloso de ser un diseñador de Web

por Chris MacGregor

¿Alguna vez oíste hablar de ese chico de unos 16 años que diseña páginas web y gana más de 6000 dólares al mes?

La parte más difícil de ser un diseñador web profesional es decirle a la gente que lo hago como medio de vida. Los comentarios que recibo van desde el desprecio de la web como algo pasajero, a el siempre popular “Ni hijo de quinto de primaria tiene su propio sitio web.” El principal motivo de que existan nombres de trabajo como Diseñador de GUI Web, o Creativo Web en los círculos profesionales y en los medios es que el término diseñador web implica más o menos el mismo respeto que un repartidor de periódicos, en nuestra sociedad.

¿Quién tiene la culpa?
No es un fallo de los diseñadores de hoy, el hecho de que la mayor parte de la gente que tiene la capacidad de moverse por internet pueda afirmar que conoce cual es su trabajo. Sí es un fallo de este diseñador el no saber diferenciar entre un profesional y un joven de 16 años con una especial habilidad para la autopromoción. La diferencia es la formación para el diseño, el conocimiento de Internet, la experiencia y la dedicación profesional a ese campo.

HTML es un lenguaje fácil de entender, y no lleva demasiada habilidad ir a una tienda y comprar uno de los muchos programas de edición en WYSIWYG. Pero el diseño web es mucho más que escribir el código de una página para que se muestre en el navegador. Las limitaciones que que tienen los diseñadores web hacen que construir páginas sea un juego de concesiones y trucos para engañar al navegador. Nos hemos apropiado de la capacidad de representar tablas con TABLE del HTML como una especie de PostScript online, definiendo celdas para contener nuestros textos o imágenes de la misma forma que empleábamos rutas y cajas de texto para diseñar la página. Pero con cada nuevo truco, cada nuevo avance, la naturaleza de Internet hace que nuestras ideas se transmitan a cada uno de los autoproclamados “diseñadores web” que hay por ahí.

Como profesionales se nos presenta la misma situación que con la revolución de la autoedición, el Desktop Publishing se presentó en el diseño gráfico a final de los años 80. Las compañías de softwares proclaman que su producto hará tus páginas web tan buenas como las de un diseñador profesional. Los centros educativos locales ofrecen clases de diseño web enseñadas por profesores de informática que se centran en el HTML y no en el objetivo de crear diseños efectivos. Hay libros disponibles en la mayoría de tiendas con títulos como The Idiot’s guide to Web Design and Web Page Design for Dummies. Nuestra profesión se trata como una clase de manualidades en el hogar local de la tercera edad.

¿Así que, qué podemos hacer?

Lo que podemos hacer
Primero, necesitamos ampliar la distancia entre los autoproclamados diseñadores web y los auténticos profesionales. Los diseñadores profesionales no “hacemos” diseños de páginas web, los practicamos. El diseño web no es un gallardón de mérito para añadir al uniforme de los scouts (pero de la manera en que van las cosas probablemente no estamos muy lejos de ello), es una elección de carrera profesional que exige un crecimiento continuo y una dedicación seria. Continuamente trabajamos para mejorar nuestras habilidades y técnicas, aprendiendo cóm usar las nuevas herramientas y dominando las ya existentes. Para elevar nuestra profesión de la percepción que tiene ahora a la apreciación que se merece, la separación entre el profesional y el aficionado debería ser evidente para el observador casual.

En segundo lugar, como profesionales debemos entender que los motivos por los que el visitante hace clic en un botón son tan importantes como el aspecto de ese botón en diferentes navegadores. Debemos ser capaces de analizar la información que se incluirá en el sitio web y organizarla de una forma fácil de entender. En parte psicólogo y en parte editor de revista, el diseñador web necesita ser el equivalente digital de una persona del Renacimiento. Del mismo modo que un buen ilusionista puede hacer que la reina de corazones salga de una baraja de cartas, necesitamos ser capaces de guiar los visitantes a un sitio a la información que responderá sus cuestiones.

En tercer lugar, debemos establecer objetivos para los sitios que diseñamos. Trabajar con un cliente para desarrollar su estrategia en el web para que tenga éxito es tan importante como su aspecto visual. Una compañía que quiere un sitio sólo para estar online se perderá el impacto en las comunicaciones que un sitio efectivo puede tener. Como diseñadores profesionales debemos trabajar con una compañía para especificar lo que quieren conseguir de su sitio, y lo que hará falta para obtener ese resultado. A partir de esa información debemos desarrollar un sitio que resuelva las necesidades del cliente.

En cuarto lugar, entender el marketing debería ser una parte del currículo de cualquier diseñador web profesional. Deberíamos saber cómo utilizar la economía de Internet basada en los regalos para mejorar la percepción de la clientela acerca de nuestro cliente. Los profesionales no deben tener dificultades en planificar una campaña efectiva de banners o escribir etiquetas meta que funcionen bien para la promoción del sitio. Como profesionales necesitamos este tipo de formación para competir con los diseñadores que trabajan después de la escuela para enganchar nuestro mercado.

En quinto lugar, los diseñadores web profesionales deben estar orgullosos de su propia profesión. Es hora de que los diseñadores web sean consecuentes con su nombre, y lo recuperen de los chicos de 16 años. La próxima vez que se te acaben las tarjetas de visita, proclámalo orgullosamente y utiliza el nombre de Diseñador Web. Reúnete con los demás diseñadores en tu área y establece un grupo profesional. Deja de ocultarte detrás de nombres más bonitos y creativos; si lo haces sólo contribuyes a la percepción de que el diseño web es un negocio apto para idiotas y torpes.

No va a ser un camino fácil rehabilitar la imagen profesional del diseñador web, pero es algo que todos nosotros deberíamos empezar a hacer. El futuro de nuestra profesión se escribirá por nuestras actuaciones presentes. Así que la próxima vez que alguien te diga que su hijo de quinto tiene su propio sitio web, contéstale que debería seguir trabajando fuerte, y cuando se gradúe en la universidad quizás pueda ser un diseñador web profesional, como tú.

El Cártel

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El Cartel nació en 1998 para reivindicar la calle como espacio de opinión pública. Colectivo formado por: Mutis, Eneko, César Fernandez y Sean Alias, Jaques Le Biscuit; acuerdan dibujar, financiar y pegar un cartel temático cuatro veces al año, sin censuta, ni redactor jefe. El colectivo inunda las calles de Madrid, consciente del peligro delictivo inherente al graffitti. Sus creaciones están concebidas como un periódico mural de opinión, sin censura ni interferencias de ningún tipo con el que cada dos meses nos dan su punto de vista sobre temas como la inmigración, la religión o la violencia de género.

E N T R E V I S T A

El cartel: cuatro imágenes valen más que…

Por Carolina del Olmo Ladinamo

Tal vez hayas tenido la suerte de encontrarte por las calles de Madrid con un cartel con muy poco texto y cuatro viñetas en su interior. Se trata de El cartel, una suerte de periódico mural impreso a una sola tinta que, aunque discreto y poco llamativo en comparación con la bazofia multicolor de la publicidad que inunda los muros de nuestras ciudades, brilla con la luz de la inteligencia. Son números monográficos en los que cada uno de los cuatro dibujantes que lo elaboran condensa en una imagen un mismo tema de actualidad. Olaf, uno de sus creadores, nos habla de El cartel y de otras vertientes de su variada actividad artística.

¿Cómo empezó a funcionar El cartel?

Hará unos cuatro años, Mutis, Eneko, César Fernández Arias y yo decidimos realizar un cartel por nuestros propios medios, sin censura de ningún tipo ni apoyo económico exterior. Abordamos temas que en el momento nos parecen importantes y en unas pocas semanas El cartel está listo para pegar. A partir del segundo número, César, que es pintor, se retiró presentándonos a Jaques le Biscuit para que le sustituyera. Llevamos ya 26 números y aunque lo hemos pegado sobre todo en Madrid, el dedicado a la marea negra también se pegó en Galicia y, en 2002, nos invitaron a pegarlos en Turín, durante la bienal de arte joven de esa ciudad.

Contigo vamos a hablar largo y tendido pero, antes, cuéntanos ¿a qué se dedican tus compañeros?

Jaques le Biscuit es ilustrador, hace objetos, hace collages y, sobre todo, maqueta El cartel con su potente ordenador. Eneko es dibujante de opinión en periódicos, pintor y padre, lo que también le ocupa. Mutis también dibuja en periódicos, revistas y pronto será padre, lo que también le ocupará.

¿Queríais pegarlo en la calle desde un principio o fue, más bien, el resultado de una limitación, de no encontrar un sitio adecuado donde publicarlo?

Bueno, lo cierto es que últimamente El cartel, además de en los muros, puede verse en la revista Generación Siglo XXI, aunque sólo algunos números, otros no los quieren. Pero la idea original era, desde luego, la de pegarlo en la calle y conseguir que la gente lo viera, que llegue también a los que no están de acuerdo, a quienes no tienen nada que ver. Es, además, una forma de reivindicar la calle como espacio público que todos tenemos derecho a usar.

¿Qué tipo de temas tocáis?

Por desgracia nos ha tocado tres veces hablar de guerra y raramente de cosas positivas, como puede apreciarse por algunos de los temas tratados: la situación mundial tras el 11-S (Número cruzado), la desigualdad Norte-Sur (Número mal distribuido), el fútbol (Número de interés general), las Empresas de Trabajo Temporal (Número Empresa de Timo Temporal), la violencia de género (Número mal pegado), la situación de los medios de comunicación (Número comunicoacción), el precio de la vivienda (Número 13 rue del Percebe), los accidentes laborales (Número accidentado), las mareas negras (Número pringao)…

¿Consideras El cartel una forma de protesta más o menos individual o tiene un cierto afán pedagógico?

Pedagógico no, no es para educar a la gente, ni para inculcarles las ideas que ponemos en El cartel, sólo queremos plasmar nuestra opinión en la calle y que la gente que tiene una opinión contraria lo vea.

O sea que en cierta manera sí es pedagógico, pretendéis, al menos, mover a la reflexión…

Bueno, sí, pero en cualquier caso respetamos la opinión de los demás; estamos en un sitio público que es la calle y nosotros luchamos por nuestro derecho a opinar así que también tenemos que tener en consideración el derecho a opinar del lector. Ahora bien, sí nos gustaría que la gente se animara a expresarse en la calle de manera gráfica, con todo tipo de opiniones… generar respuestas es uno de nuestros objetivos.

¿El tema elegido en cada número supone alguna diferencia en el tiempo que tardan en arrancarlo?, es decir, ¿qué temas suscitan una censura más rápida?

Religión y sexo, fundamentalmente. Pero, por suerte, la mayoría de los “ataques” que sufrimos son bastante más agradables: amateurs que intentan llevarse a casa un cartel pringado de cola.

¿Crees que todo lo relacionado con la libertad de expresión está ahora peor que hace diez o quince años?

Sí, bueno, pero eso sólo te enteras si la utilizas. A mí me da la impresión de que hay mucha gente que cree que puede opinar de lo que quiera porque nunca se ha molestado en probar. Y en cuanto a la sensación de que hay menos posibilidades de decir las cosas, creo que también influye que hay menos gente con ganas de expresarse, lo cual también es preocupante. La censura ya no resulta tan necesaria porque la gente está embrutecida con sus programas de la tele, con el fútbol o cualquier otra cosa.

¿Distingues entre una faceta de tu trabajo que puedes vender, es decir, de la que puedes vivir y otra que no podría pasar por cauces comerciales sin resentirse?

Yo vivo de mis dibujos, pero no dibujo lo mismo para la prensa que para El cartel, que no tiene ninguna censura (de hecho, ni siquiera hay censura dentro del grupo; si uno opina distinto de los demás no hay problema, El cartel sale así, con sus divergencias y todo). Con la música me pasa algo parecido; en realidad es lo que más me gusta pero como sé que no voy a poder vivir de ella, prefiero no hacer ninguna concesión con mi grupo, Solex, y vivir de otra cosa.

Además de El cartel, de las ilustraciones y de la música, editas el fanzine ¡Qué suerte! Háblanos de él.

Es un fanzine fundamentalmente gráfico. De hecho, la idea era que no tuviera texto, pero algunos de los dibujantes que participan prefieren no renunciar a las palabras. No lleva publicidad y se financia a fondo perdido. Empecé hace diez años, cuando llegué a Madrid [Olaf es belga]. Conocí unos dibujantes que me gustaban y decidí hacer un fanzine; entre mi hermana, que es ilustradora, Mauro Entrialgo, yo y alguna gente más empezamos a reunir historietas. Y salió bien, así que seguimos adelante. Desde entonces ha ido saliendo un número al año, cada vez más gordos y con la participación de más y más dibujantes de todo el mundo. También suele colaborar gente del mundo de la música. De hecho, en el último, el Número Enfermo –siempre son monográficos– hay colaboraciones de Chris Knox y de Link de los Meanies. Y participa gente de Bélgica, Brasil, Hong Kong, EE UU, Argentina, Australia, Méjico… Además, Cutlas, que hace mucho tiempo que no se prodiga, hace una aparición estelar.

¿Alguna actividad más?

Fabrico sellos de linóleo y, cuando reúno unos cuantos, edito unos pequeños libritos de sellos. También están, cómo no, los Doo Rags, [aparatitos para hacer música o ruido, según se mire]. A partir de un juguete con sonido, una de esas pistolas galácticas, por ejemplo, pueden construirse magníficos aparatos que luego puedes decorar como más te guste. A veces los hago por encargo, para otros grupos de música, aunque lo que más me gusta es que cada uno se haga el suyo. Por eso he editado un librito de instrucciones –Coser y cantar– que explica cómo se fabrican. Que yo conozca, hay por lo menos tres grupos que se han construido su propio Doo Rag.

Fuente: rebelion.org

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